Hasta el TOTO de tanta polarización

por María | Oct 17, 2026 | 0 comentarios

Polarización. Parece que últimamente no sabemos hacer otra cosa. En poco más de un mes nos volvemos a citar con las urnas y, con la llegada de las elecciones, vuelve el circo: sube el volumen, se caldean los ánimos y el ambiente se vuelve tan denso que casi se puede cortar con cuchillo.

 

Reconozco que en mis redes sociales jamás comento nada de política. No por falta de opinión, sino por pura supervivencia mental. Hemos llegado a un punto en el que expresar un pensamiento, o simplemente matizar una postura, parece una invitación abierta a que te salten al cuello. O estás conmigo y piensas exactamente como yo en todo, o estás contra mí y eres el enemigo. Y eso me parece horrible.

 

Mientras tanto, aquí estamos, peleándonos entre nosotros. Gente que madruga, trabaja e intenta llegar a fin de mes, enfrentándose por defender a políticos que probablemente ni saben que existimos. Nos lanzamos los trastos a la cabeza por personas que, al final, toman sus decisiones mientras nosotros nos peleamos con el vecino.

 

Porque vamos a ver, ¿de verdad es posible estar de acuerdo al 100 % con alguien? ¿Con un político? ¿Con un programa electoral entero? A mí me parece prácticamente imposible. Podemos coincidir en unas cosas y discrepar en otras. Podemos apoyar una medida y criticar la siguiente. De hecho, debería ser lo normal. Defender cada decisión de un partido y justificar lo injustificable solo porque viene de nuestro mismo bando no es tener las cosas claras: es renunciar a pensar por cuenta propia.

 

Y luego está el tema de las promesas. Todos somos humanos. Una cosa es intentar sacar adelante una medida y no conseguirlo, equivocarse o tener que rectificar. Otra muy distinta es prometer algo sabiendo que no se puede cumplir o engañar deliberadamente para arañar unos cuantos votos.

Y aquí es donde me pregunto si hemos perdido un poco el sentido común.

 

Imaginad que alguien os promete preparar una maravillosa tortilla de patatas, pero cuando entráis en la cocina descubrís que solo hay dos huevos. Con ellos podéis hacer una tortilla francesa, unos huevos fritos o revueltos… Pero, por muchas vueltas que le deis, si no hay patatas, no hay tortilla de patatas.

 

Pues eso es lo que me preocupa: que a veces nos creemos cualquier promesa, por disparatada que sea, y que encima terminamos discutiendo con quien se atreve a señalar que faltan las patatas. Defendemos al cocinero y nos olvidamos de que somos nosotros quienes nos vamos a sentar a la mesa.

 

No se trata de pasar de todo ni de pensar que todos los políticos son iguales. Se trata de mantener el espíritu crítico, exigir coherencia y entender que discrepar no convierte a nadie en nuestro enemigo.

 

Podemos votar opciones diferentes y seguir siendo vecinos, amigos o familiares. Podemos reconocer que alguien con quien no coincidimos tiene razón en algo y admitir que alguien a quien apoyamos se ha equivocado.

 

Porque, sinceramente, estoy hasta el toto de tanta polarización. De que todo tenga que ser blanco o negro, de que cualquier discrepancia termine en una pelea y de que parezca que, para tener una opinión propia, primero haya que elegir un bando y después dejar de cuestionarlo.

 

Y ahora, después de tanta reflexión, voy a decir algo en lo que sí tengo clarísimo que llevo razón: si vamos a discutir, que sea sobre cuál es la mejor tortilla… Ya os digo que la de Betanzos, evidentemente, ¡que además estamos en plena Semana de la Tortilla! 😂😂 Venid a probarla.

Categorías Reflexiones

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