Sobreviviendo al cansancio: ¡Hola, sigo viva! (Crónica de una pausa necesaria)

por | Feb 23, 2026 | 0 Comentarios

¡Hola a todos! Sé lo que estáis pensando. Si miráis la fecha de mi último post, seguramente os hayáis imaginado que me había tocado la lotería y me había fugado a una playa del Caribe con un cóctel en la mano. ¡Ay, ojalá!

La realidad es mucho menos glamurosa. He estado desaparecida casi dos meses y el motivo principal se resume en una palabra: cansancio. Pero no ese cansancio de «he caminado mucho hoy», sino un agotamiento de esos que te hacen plantearte si te han desenchufado de la corriente por la noche.

Hoy vengo a dar señales de vida, a deciros que sigo aquí y a contaros por qué, a veces, la mejor decisión que podemos tomar es darle al botón de pausa.

 

Mi tiroides se ha declarado en huelga

Si alguna vez habéis sentido que vuestra energía estaba bajo mínimos y no sabíais por qué, igual me entendéis. Hace poco me diagnosticaron tiroiditis de Hashimoto. ¡Toma ya, nombre de samurái para algo que te deja con la batería al 1%!

Básicamente, mi sistema inmunológico se ha confundido un poco y ha decidido que mi glándula tiroides es el enemigo. Y aquí viene lo que nadie te cuenta hasta que te toca: los problemas de tiroides no son solo «tener mucho sueño». ¡Qué va! Esta glandulita maneja el cotarro de todo el cuerpo. Además del agotamiento físico, afecta muchísimo al ánimo (hola, montaña rusa emocional en la que me enfado o lloro por cualquier cosa) y a la concentración. Hay días en los que siento esa famosa «niebla mental» y mi cerebro funciona como un ordenador viejo con 50 pestañas abiertas y la ruedecita de «cargando». ¡Ah! Y no nos olvidemos de ese otro regalito: la capacidad de engordar solo con mirar fijamente una hoja de lechuga o respirar hondo cerca de una panadería. Verídico. 

Ahora mismo estoy en esa fase en la que los médicos me están ajustando la medicación. Y hasta que den con la tecla exacta, mi cuerpo y mi mente van a su propio ritmo.

 

Virus por doquier (y otras alegrías del invierno)

Por si tener las hormonas revolucionadas fuera poco, el universo decidió que era el momento perfecto para añadir más emoción a la mezcla. ¿Qué es un invierno sin un buen bucle de contagios en casa?

El peque ha estado enlazando un resfriado con otro. Y ya sabéis lo que significa eso: virus por doquier, noches en vela, toses nocturnas, termómetros a las 3 de la mañana y ojeras que me llegan al suelo. Combinar este festival de mocos con el trabajo, la falta de energía y el despiste mental, ha hecho que este invierno se me esté haciendo bastante durillo.

 

Aprender a darle al botón de pausa

Siempre os hablo por aquí de la importancia de cuidarse, de escuchar al cuerpo y de buscar nuestro bienestar. Pues bien, me ha tocado aplicarme el cuento a rajatabla.
He tenido que bajar el listón de la autoexigencia y aceptar que, ahora mismo, mi cuerpo manda. Que si no publico en el blog durante un par de meses, el mundo no se acaba. Que mi prioridad ahora mismo es que todo se regule, que mi peque se mejore y que podamos volver a dormir en condiciones.

 

Mis «no-reglas» de supervivencia actuales:

  • Abrazar el «modo supervivencia mínimo viable»: Hacer lo justo y necesario para llegar al final del día. Las tareas que no son urgentes se han ido directamente a la carpeta de «ya si eso, mañana».
  • Permitirme el mal humor: Las cosas como son: con las hormonas bailando la conga y sin pegar ojo, la paciencia no es mi mayor virtud ahora mismo. Y oye, no pasa nada por reconocer que estoy gruñona, avisar en casa para que me den espacio, y no fustigarme por ello.
  • Cero culpa: No pasa nada por bajar el ritmo. De hecho, a veces es lo más sano (y necesario) que podemos hacer.

 

¡Gracias por seguir ahí!

Quería pasar por aquí simplemente para que supierais que el «Gen Vitanzia» sigue intacto, aunque ahora mismo esté en modo ahorro de energía. Volveré a escribir con la frecuencia de siempre en cuanto las hormonas, la medicación y los virus me den una tregua.
Mientras tanto… ¡contadme! ¿Cómo estáis sobreviviendo vosotros a este invierno? ¿Alguien más por aquí lidiando con la tiroides rebelde o con la temporada alta de virus infantiles? ¡Os leo en los comentarios (prometo responder, aunque sea despacito)!

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